Sin duda la noticia económica más importante de los últimos días, y posiblemente del año, ha sido las decisiones tomadas por el Consejo de Gobierno del BCE en su última reunión del jueves 4 de septiembre.

Antes de justificar la importancia de las medidas recordemos que estas han sido las siguientes:

  • Reducción de tipos al 0,05%,
  • Incremento de los tipos negativos para los depósitos en el BCE, 0,2%,
  • Compra, a partir de octubre, de bonos del sector no financiero privado (ABS purchase programme) y del sector financiero (covered bond purchase programme). El día dos de octubre se conocerán los detalles de estas compras, entre otros su cuantía, y no se excluyen los préstamos hipotecarios debidamente titulizados.
  • A diferencia de otras operaciones de liquidez puestas en marcha en el pasado por el BCE, las tomadas ahora, igual que las que se tomaron en junio, no serán “esterilizadas” captando fondos de las entidades financieras.

Hay varios factores que nos indican la importancia de las nuevas medidas de BCE:

  • No se ha esperado a ver el efecto de las tomadas en junio. De hecho, la barra de liquidez de 400.000 millones condicionada a que la financiación llegue a las empresas ni siquiera se ha puesto en marcha, ya que  entrará en funcionamiento el día 18 de septiembre.
  • Las autoridades monetarias están seriamente preocupadas por la marcha de la economía europea. Los datos de crecimiento del último trimestre con caídas del 0,2% del PIB en Alemania e Italia y el estancamiento de Francia, unidos a la evolución de la inflación, un 0,3%, que tiende a la deflación (en España en concreto en los últimos 12 meses la inflación ha estado por debajo de 0 en cuatro ocasiones y en el resto no ha superado el 1%), han hecho saltar todas las alarmas y ha alejado al BCE de la parsimonia a la que nos tiene acostumbrados.
  • De hecho los analistas del BCE y el propio Mario Draghi han rebajado sus pronósticos de crecimiento y de inflación para la zona euro, en concreto:
  1. han reducido las proyecciones de crecimiento en la zona euro al 0,9% en 2014, 1,6% en 2015 y 1,9% en 2016,
  2. asimismo, han reducido sus proyecciones de inflación anual en la zona euro al 0,6% en 2014, al 1,1% en 2015, y el objetivo del 2% de inflación no se logrará hasta 2017.
  • Ya Mario Draghi ha advertido que las medidas tomadas por el BCE son insuficientes para reactivar la economía y que será necesario que los estados intervengan vía inversiones, reformas estructurales (en el mercado de trabajo entre otras) y con una política fiscal más laxa que, si por una parte se puede entender como rebaja de impuestos, lo que estaría reñido con la necesidad de inversiones públicas, por otra parte se puede considerar como una llamada a la ampliación de los plazos para cumplir con los objetivos del déficit sobre todo por parte de Francia y de Italia. A España ya se le amplió el plazo el año pasado.
  • En la línea de lo expresado por Draghi estarían las declaraciones del nuevo Presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, de implementar un plan de inversiones en Europa de 300.000 millones de euros.

Las dudas sobre los efectos de las medidas del BCE no son desdeñables y provienen del escepticismo sobre la posibilidad de que la masiva liquidez que se va a inyectar al sistema llegue a la economía real. Los que hacen esta crítica alegan que el problema no es tanto de liquidez como de demanda solvente en algunos países, entre ellos España que tiene unos índices muy altos de morosidad.

El problema anterior se agrava si tenemos en cuenta que muchas familias y empresas están inmersas en un proceso de desapalancamiento, es decir, en lo contrario de lo que intentan las medidas del BCE, y que los precios de los activos siguen bajando lo que provoca dudas en los inversores sobre cuál será el punto de inflexión en el que comenzarán a subir y ellos podrán invertir sin arriesgarse a tener pérdidas.

Como además la deflación no solo afecta a los activos sino también a los bienes de consumo haciendo que se contraiga la demanda, lo que provoca a su vez que la inversión productiva de las empresas sigue la misma senda de contracción.

Para muchos economistas, entre los que destaca Richard Koo, economista jefe de Nomura, que ha estudiado seriamente la historia del estancamiento y deflación de Japón en las últimas décadas, en una situación como la que vivimos la única posibilidad de que aumente la demanda es que los estados aprovechen las ventajosas condiciones que tienen para endeudarse y fomenten la inversión pública. Dadas las altas deudas que arrastran la mayoría de los estados europeos y el dogma que sobre la austeridad ha impuesto Alemania, esta opción parece hoy por hoy lejana. O quizás no tanto porque, como el propio Draghi ha indicado, el BCE podría iniciar en un futuro próximo la compra de deuda pública lo que favorecería que se cumpliesen las recomendaciones de Koo.

En este panorama, y estando muy próxima la subidas del tipos de interés de la Reserva Federal americana, hay también quien teme que buena parte de la liquidez que proporcionarán las inyecciones del BCE se desvíe hacia la compra de bonos americanos ya que la compra de deuda pública europea, cuya cotización está en mínimos, (España tiene una prima de riesgo inferior a la de EE.UU.), no es una inversión atractiva desde el punto de vista de la rentabilidad al contrario de lo que pasaba en 2012.

No obstante, hay economistas que creen que las medidas del BCE producirán efectos positivos ya que se reducirán aun más los coste de financiación de los estados y de los particulares, el valor del euro bajará, favoreciendo las exportaciones, y los mercados bursátiles, animados por el exceso de liquidez, podrían aumentar sus cotizaciones lo que provocaría un “efecto riqueza” que se haría notar positivamente en un aumento del consumo, de la demanda agregada, y, consiguientemente, de la inflación.

 

 

 

 

 

 

 

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