Ayer las autoridades portuguesas decidieron la sustitución inmediata de la cúpula directiva del banco portugués Espírito Santo (BES). En principio, los hasta ahora gestores vinculados a la familia Espírito Santo, fundadora y propietaria de un porcentaje del 25% de la entidad, iban a permanecer en sus puestos hasta finales de este mes.

La precipitación de los acontecimientos es probable que se deba a que las autoridades portuguesas hayan llegado a la conclusión de que el banco está en una situación más grave de lo que se ha admitido hasta ahora y conviene atajar cuanto antes la situación de incertidumbre.

¿Cuáles han sido las causas de los problemas del BES? La respuesta todavía no está del todo clara.

Todo empezó cuando el Banco de Portugal pidió que se realizase una auditoría independiente de las cuentas del banco. Esta auditoría, cuyos resultados se conocieron en mayo, reflejó que el banco no había registrado unos 1.200 millones de euros de deudas que las empresas del grupo de la familia Espírito Santo mantenían con el banco. El informe decía “que existen irregularidades en sus cuentas y la sociedad presenta una situación financiera grave”.

Un comunicado posterior del banco afirmaba que esa exposición del BES no provocaría una falta de capital en el banco, ya que para el conjunto de esas sociedades es de 1.183 millones de euros y su colchón financiero es de 2.100 millones de euros. Pero esto es una conclusión provisional, hay que esperar a “la publicación del plan de reestructuración del grupo (empresarial de la familia Espírito Santo) para poder estimar las potenciales pérdidas asociadas a esta exposición”.

Pero el goteo de noticias que se han ido produciendo indica que la situación es más complicada. Así hoy conocemos que:

Nomura prestó a una empresa de la familia Espírito Santo 100 millones de euros para que pudiese acudir a la ampliación de capital que hizo el BES el día 10 de junio. Para garantizar ese préstamo se tomó como garantías el 5% de las acciones del BES. Nomura ha activado la cláusula que tiene por objeto regularizar la garantía y se ha hecho con ese 5% de las acciones.

  • Simultáneamente se conoció que el BES tiene una exposición crediticia en su división de Angola de 5.700 millones de euros y KPMG considera que el 84% de esos créditos son de dudoso cobro. El gobierno de Angola garantiza el 70% de esos créditos y los analistas estiman que podrían producirse pérdidas por un importe de pérdidas de 2.700 millones de dólares.
  • Por otra parte, Portugal Telecom, participada en un 10% por el BES, compró deuda de las empresas de la familia Espiríto Santo por un importe cercano a los 897 millones de euros que vence hoy martes y que no puede ser pagada, por lo que deberá ser reestructurada.
  • Estas son solamente algunas de las irregularidades detectadas que aunque en principio afectaban solamente a las empresas del grupo de la familia parece que también afectan de lleno al propio BES.
  • Los analistas y los mercados así lo creen. Las acciones del BES han perdido en menos de un mes el 54% de su valor y Citigroup calcula que las necesidades de nuevo capital del BES pueden estar en 4.300 millones de euros.

Los otros efectos inmediatos de la crisis del BES ya los conocemos:

  • Pérdidas en la bolsa portuguesa, española, alemana, francesa e italiana.
  • Repunte de la prima de riesgo es España y Portugal, que luego se moderó.
  • Reducción radical de los ratings del BES y de las empresas de la familia.
  • Retirada de las emisiones de bonos de algunas compañías españolas por el temor a no encontrar una acogida favorable en los mercados, con grave perjuicio para algunas entidades financieras en pleno proceso de reforzamiento del capital de cara a las pruebas a las que están sometidas por el BCE y la EBA.

Pero aunque las autoridades portuguesas se han esforzado en calmar los ánimos de analistas, inversores e impositores sigue existiendo una enorme preocupación tal y como puso de manifiesto la canciller Merkel, para la que la crisis del BES “revela la fragilidad de la zona euro y muestra la necesidad de que los gobiernos respeten los límites de deuda y déficit”. Es decir, si no se aclaran pronto y con absoluta transparencia todos los problemas del BES podría producirse un efecto contagio a otras entidades portuguesas y europeas.

Las críticas que se han hecho sobre las responsabilidades en el desarrollo de los acontecimientos se centran no solamente en la gestión que del banco y de sus empresas ha hecho la familia Espírito Santo sino también en la actuación de las autoridades europeas y el FMI. La famosa troika ha tenido intervenido a Portugal hasta hace pocos meses sin que advirtiesen los problemas que tenía el banco más importante de Portugal por activos.

También se pone en cuestión la actuación del supervisor, el Banco de Portugal, que fue quien encargó la auditoría interdependiente que dejó al descubierto los problemas. No se entiende muy bien que conociendo los resultados de la auditoria en mayo permitiese, sin hacer las advertencias oportunas, la ampliación de capital que se consumó el 11 de junio, y además, cuatro días después, el Gobernador del Banco de Portugal exigió a la familia Espírito Santo que saliese de los órganos de gobierno del BES.

Lo anterior es muy importante si se cumplen los pronósticos de algunos analistas, como el citado más arriba del Citi, nos podríamos encontrar, como mínimo, con una pérdida importante del valor de las acciones de la ampliación más allá de lo que ya se ha perdido en la cotización bursátil. Hay que recordar, que, con las nuevas normas de la Unión Europea, la prelación para afrontar la pérdidas de una entidad es la siguiente

1º Accionistas,

2º Tenedores de deuda sénior,

3º Tenedores de deuda junior,

4º Depositantes mayoristas,

5º Depositantes minoristas.

Esperemos que las medidas que han tomado las autoridades portuguesas sean suficientes para contener el problema e impedir un contagio muy inoportuno en un momento en que se están revisando los estados de las entidades europeas y es probable que algunas necesiten reforzar su capital, a lo que no va a ayudar que la crisis de BES se agrave o siga viva un tiempo largo.

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