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Un año que termina y otro que comienza

BY IN Sin categoría On 30-12-2014

A pocos días de terminar 2014, la mayoría vamos haciendo balance de las cosas que nos han sucedido a lo largo del año, momentos tristes, momentos felices, proyectos que hemos comenzado o que hemos dejado de lado, y, sobre todo, esa famosa lista de buenas intenciones que queremos llevar a cabo durante el nuevo año que comienza.

Desde luego, este 2014 ha representado un periodo frenético en lo que se refiere al ámbito de la gestión de impagos. Si durante el primer trimestre del año la tasa de morosidad continuaba la tendencia alcista de 2013, las repetidas fluctuaciones en los meses centrales del año mantenían el suspense sobre cuál sería el resultado de las medidas tomadas al respecto, y finalmente asistíamos a una reducción generalizada de la tasa de morosidad en los meses correspondientes al segundo semestre del año, para alivio tanto de las entidades financieras como para el comercio.

En el caso de las Administraciones Públicas, se observaba un esfuerzo para solucionar el endémico problema de la mora en el pago de sus deudas, y cumplir así con las exigencias de la Directiva europea cuyas directrices se implementaban en nuestro ordenamiento interno a través de la Ley de Morosidad. Sin embargo, veíamos que el empeño puesto en la superación de la mora administrativa, no ofrecía los resultados deseados, aunque con desigual grado de fracaso según niveles de Administración, siendo las autonómicas las más incumplidoras.

Por otra parte, en junio se abría el debate sobre la intención del Ministerio de Hacienda de publicar una lista de morosos cuyas deudas para con la Hacienda Pública superaren el millón de euros, medida que finalmente no se ha incluido en el Proyecto presentado por el Gobierno para la reforma de la Ley General Presupuestaria, dada la enorme polémica que había suscitado. Desde el Ejecutivo se alegaba a favor de la publicación de esta temida lista el interés público concurrente, de cara a sanear las cuentas públicas.  Sin embargo, para quienes, como los miembros del equipo de Libroley, defendemos que la gestión de impagos se debe regir por unos sólidos principios de ética profesional, habría resultado difícil asumir que existan razones de Estado con capacidad para modular, e incluso anular, las obligaciones que conlleva el trato digno al deudor moroso.

En el caso de nuestro equipo, este año 2014 que ya expira, ha supuesto un cúmulo de retos a superar trabajando conjuntamente. Sólo así hemos podido seguir ofreciendo a nuestros clientes el mejor servicio, incorporando a nuestro knowhow las últimas novedades tecnológicas (vid. post Bancobro: software para la gestión de impagos) y las más modernas técnicas de actuación para lograr una gestión eficiente y a la altura de las expectativas del cliente, siempre desde nuestra fuerte apuesta por la negociación y la solución pacífica de las controversias. Asimismo, este año hemos incorporado un servicio de traducción jurídica y jurada a nuestro tradicional servicio de gestión de documentación.

No sabemos lo que ocurrirá a lo largo de este incipiente 2015, pero afrontamos el reto con la ilusión que siempre nos ha caracterizado, teniendo muy presente el célebre aforismo: labor omniavincit. Y ya sólo queda una última cosa por decir: Feliz año a nuestros lectores.


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BanCobro: software para la gestión de impagos

BY IN Sin categoría On 17-12-2014

En la actualidad, las tradicionales exigencias de transparencia y lealtad son cada vez más apremiantes, y lo son en la medida en que las nuevas tecnologías de la información y el conocimiento, así como las distintas herramientas software,han hecho posible un tratamiento de la información inconcebible hace sólo unas décadas. De ahí que se exija de todos, gestores públicos y ciudadanos, proveedores y clientes, un esfuerzo para estar a la altura de un contexto global en el que todos ofrecen y buscan información fidedigna en tiempo real.

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De ahí que Libroley, en su compromiso con la innovación tecnológica, ha desarrollado Bancobro, un novedoso software para la gestión de impagos. Mediante esta nueva herramienta, hacemos posible a nuestros clientes no sólo la llevanza de una administración eficiente de sus expedientes morosos, sino también del estado de las gestiones realizadas en orden a la recuperación de cada uno de los créditos impagados de nuestros clientes.

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Bancobro está permanentemente actualizado, de modo que permite optimizar al máximo la operativa de gestión de ficheros relacionados con créditos que han devenido morosos. Es una experiencia común a nuestros clientes el hecho de que no resulta tan fácil como pudiera parecera primera vista la llevanza de una gestión ordenada y al día de todos los impagos, especialmente en el caso de grandes entidades que han de administrar una cantidad ingente de créditos, y ello debido a las vastas regiones de claroscuros que son connaturales a una buena gestión de la cobranza de dichos créditos, donde una negociación adecuada, un control exhaustivo de los tiempos y una actuación prudente resultan claves para la recuperación de las cantidades debidas. Con Bancobro ahora es posible esta gestión del estado de cada expediente en tiempo real.

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Bancobro habilita multitud de búsquedas según diversos parámetros, incluyendo fecha de formalización o vencimiento de la posición deudora, fecha de asignación, fecha de entrada en mora, expedientes con cobros, etc., de modo que nuestros clientes puedan acceder a la información requerida de una forma fácil e intuitiva. Asimismo, dispone de un sistema de avisos y alarmas, con el fin de articular una auténtica agenda virtual en la que poder analizarlas las actuaciones realizadas y las gestiones planificadas, y así evitar que un lapsus de información pueda desencadenar consecuencias indeseadas. De otro lado, Bancobro es pionero en su sistema de inclusión de archivos adjuntos, lo que lo abre a la posibilidad de una gestión multiformato, sin necesidad de implementar complejos procesadores de información, sino tan sólo la documentación de que ya disponen nuestros clientes para la gestión ordinaria de sus expedientes.

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Libroley ha demostrado a lo largo de muchos años su capacidad de gestión exitosa de impagos, pero también su potencial innovador y su adaptabilidad a las necesidades concretas de cada uno de sus clientes. En dicha labor, la transparencia es de vital importancia, dado que una comunicación eficiente y una administración sistemática de la información juegan un papel de primer orden en la recuperación de los créditos. Con Bancobro, herramienta software para la gestión de impagos, es posible la minimización absoluta del riesgo y una llevanza al día de los expedientes morosos.

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El legatario de parte alícuota

BY IN Sin categoría On 09-12-2014

En el post de esta semana nos gustaría abordar la figura del legatario de parte alícuota, por las particulares especialidades que lo caracterizan. El legado, como es consabido, constituye una atribución sucesoria de bienes a título particular, a diferencia de la herencia, que es una atribución de carácter universal. En otras palabras, mientras que al heredero se le asigna una parte o porción de la masa hereditaria, al legatario se le asignan bienes o derechos particulares. Sin embargo, también existe la figura del legatario de parte alícuota, es decir, el testador instituye a una persona como legatario, pero manda que se le entregue una porción de la masa hereditaria.

La institución de un legatario de parte alícuota conlleva una serie de efectos. Por una parte, el causahabiente instituido legatario de parte alícuota es, como su propio nombre indica, un legatario en sentido pleno. Esto significa que el pasivo que pudiera existir en la masa hereditaria no puede traspasar en ningún caso a su propio patrimonio personal. Dicho de otra manera, el legatario de parte alícuota no asume las deudas que existieran en el caudal del causante, a diferencia de los herederos o causahabientes a título universal. Estos últimos, con la aceptación de la herencia, aceptan tanto el activo como el pasivo de la misma, de manera que, si en algún caso, las deudas de la masa hereditaria fueran superiores al activo, ellos tendrían que asumir la satisfacción de las mismas con cargo a su propio patrimonio. Por tanto, el legatario de parte alícuota sólo recibirá la parte que le corresponde si, tras la compensación entre el activo y el pasivo de la herencia, el resultado es positivo. Si en algún caso las deudas de la masa hereditaria fueran superiores al activo, el legatario de parte alícuota podría estar tranquilo, puesto que no asumiría deuda alguna, pero por otra parte, tampoco recibiría nada.

Sin embargo, de otra parte está el hecho de que se trata de un legatario muy especial, que, a diferencia del resto de legatarios, puede y debe participar en la partición de la herencia, estando habilitado incluso para instar la partición judicial de la misma. Por el contrario, los demás legatarios, que no lo son de parte alícuota, sino de bienes y derechos particulares, deberán esperar a que los herederos entren en posesión de los bienes y derechos que componen la masa hereditaria para recibir de ellos lo que les corresponde.

Este hecho hace que a la hora de gestionar una testamentaría haya que tener especial cuidado si es que el causante instituyó algún legatario de parte alícuota. A la hora de solicitar el cuaderno particional, también conocido como escritura de liquidación, partición y adjudicación de herencia, es necesario comprobar que el/los legatario/s de parte alícuota estuvieron presentes en la partición. No así cuando se trata del resto de legatarios, que habrán de esperar a que los herederos entren en posesión del caudal relicto para que sean ellos quienes les hagan entrega de los bienes que les corresponden.

También es necesario tener en cuenta que el legatario de parte alícuota puede ser nombrado administrador del caudal relicto, durante todo el tiempo en que los herederos y él mismo, junto con los demás legatarios de parte alícuota, caso de haberlos, decidan mantener la situación de proindiviso, en cuyo caso la masa hereditaria ostentaría una condición semejante a la de la copropiedad, aunque con ciertas especialidades.


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El fenómeno de la morosidad estructural

BY IN Sin categoría On 02-12-2014

 

El fenómeno de la morosidad, cuando se propaga hasta convertirse en un hábito generalizado, constituye un auténtico drama social, con innumerables consecuencias para todo el conjunto de la sociedad. La reciente crisis, cuyos efectos todavía son palpables, ha puesto de manifiesto los graves riesgos que entraña una proliferación de los créditos devenidos morosos, con un consiguiente efecto dominóque conduce a multitud de empresas a una quiebra por asfixia.

No se está tratando el hecho, más o menos incómodo, de un deudor moroso ocasional, sino de la morosidad convertida en un problema estructural, cuya aceptación resignada por parte del conjunto social da lugar a multitud de soluciones económicas que no hacen más que cerrar en falso la herida, tales como la dificultación (sirva este neologismo) de concesión de crédito o el retraso en el pago a proveedores como medio de financiación de la propia empresa sin tener que recurrir a entidad financiera alguna.

El fenómeno de la morosidad tiene su asiento en la necesaria divergencia entre solvencia y liquidez, o visto desde otra perspectiva, entre el vencimiento de un crédito y su efectiva satisfacción o pago. Este binomio, cuya existencia es connatural y condición de posibilidad de las relaciones económicas, en ocasiones produce una especie de esquizofrenia, en la que empresas con una solvencia impecable se encuentran con que no disponen de la más mínima liquidez que les permita hacer frente a su actividad económica habitual. Esta situación es especialmente peligrosa en el caso de la recaudación tributaria y la de la Seguridad Social, donde el formalismo de los criterios de determinación de la cuota líquida a pagar obliga a hacer frente a la obligación tributaria o de la Seguridad Social muy al margen del estado real de la entidad.

Por todo ello, es tremendamente importante saber clasificar al deudor moroso, incluso antes de que haya devenido tal, porque el retraso en el pago puede provenir del hecho de que el deudor quiere pagar pero en ese momentono puede, bien porque pudiendo pagar, no quiere hacerlo, o bien porque ni puede ni quiere pagar. El auténtico problema es que en España se ha extendido como en ningún otro lugar de la Comunidad Europea el perfil del moroso intencionado, llegando incluso a alcanzar la cifra de un 62% del total de deudores según algunos estudios de la CE. No olvidemos que incurrir en mora también es una forma relativamente sencilla de financiar la propia economía, es decir, contratando bienes o servicios con una total negligencia en la previsión, o incluso a sabiendas de que no se va a poder pagar.

En cualquiera de los casos, un protocolo de alarma temprana y la actuación presta y diligente son las claves del éxito a la hora de recuperar un crédito que se ha convertido en moroso. El problema está en que muchos agentes económicos sienten una cierta reticencia a reclamar lo que les corresponde, pues la realidad es que, como se dice en el teatro, la función debe continuar, y en no pocas ocasiones prefieren soportar indefinidamente un impago antes que perder a un cliente potencial.Quizá a ello haya contribuido el hecho de que tradicionalmente la gestión de un impago siempre ha estado vinculada a situaciones de tensión y a medios de presión que conducían a victorias pírricas y a resultados indeseables para cualquier entidad. En Libroley sabemos de la importancia decisiva que tiene una actuación rápida, y siempre desde la perspectiva de la negociación y el respeto a los derechos del deudor. Los resultados son sorprendentes si un impago se gestiona convenientemente, alcanzando una tasa de recuperabilidad del 80% si se acomete durante los tres primeros meses una vez vencido el crédito, ratio que desciende hasta el 50% pasados seis meses desde que el crédito venció y se hizo exigible. No resulta fácil, pero con el necesario conocimiento técnico y la experiencia, se puede lograr discernir entre los diversos tipos de deudores morosos, de modo que sea posible cribar y evitar que la morosidad se convierta en un problema estructural de nuestros clientes.


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